912 060 323 - 619 991 900

La ecología tiene un precio

Escrito por en Abr 21, 2014 para Blog, Ecología, Nutrición, testimonios

 

[Carlos Gayo]

Paisaje [Carlos Gayo]

Cuando le dije a mi tía que Biolíbere había abierto en Getafe y que sirve alimentos ecológicos en todo Madrid, su respuesta fue contundente:

– “A mí déjame de ecologías. Yo no pago el doble por una naranja o por una alcachofa”.

Traté de balbucir:

-“Sí, pero es más sano, no tiene pesticid….”

-“¡Ni pesticidas ni leches, me voy a morir igual!”

Argumento irrefutable: comamos lo que comamos, nos moriremos igual.

Personalmente, qué queréis que os diga, prefiero tomarme una manzana sin pesticidas,  aunque tuviera que pagar el doble, que no es el caso tampoco (mirad esta comparativa, por ejemplo). Es lo mismo que cuando evitamos un restaurante porque sabemos que las cocinas son una pocilga, por muy barato que sea.

Cierto es que la salud depende de muchos factores, a veces muy difíciles de adivinar, como para poder estar seguros de nada. Cierto es también que mi tía pertenece a una generación nacida y criada en la posguerra, para la que el pan blanco industrial, que ahora desechamos “con desdén” los ecologistas, fue un regalo del cielo (¡y lo fue!).

Se trata de una generación que creyó firmemente en “el progreso”, léase “la industrialización”: el personal médico, por ejemplo, se pasó más de tres décadas desaconsejando a mujeres como mi tía que amamantaran a sus hijos porque, según ellos, la leche materna era “muchísimo más pobre que las fórmulas preparadas”.

Es una generación que se preocupa de lo que come y de lo que consume y que ha vivido luchando por unos valores sin los cuales nuestra situación sería peor de lo que es. Por eso, la reacción de mi tía, me la tomo en serio.

Lo barato sale caro

[Carlos Gayo]

[Carlos Gayo]

Pero, ¿qué es hoy “el progreso”? ¿Es lo mismo que hace treinta años?

Hoy sabemos cómo ha ido degenerando la producción industrial de alimentos, estamos siempre en ascuas, desconfiando de que nos vuelvan a dar gato por liebre, o caballo por buey. Sabemos que las subvenciones estatales de la agricultura europea están destrozando los mercados de los países pobres. Sabemos que los beneficios siempre se quedan del mismo lado. Sabemos que Monsanto está tratando de enriquecerse patentando semillas. Y sabemos que ese tipo de producción es nefasta para el medio ambiente.

Así que la naranja y la alcachofa industriales salen finalmente un poco caras.

El precio de los alimentos ecológicos es quizás el factor más disuasivo para su consumo y el argumento que más se utiliza en su contra. ¿Vemos lo que valen de verdad?

Si habéis mirado la comparativa de precios, habréis visto que la diferencia no es tan grande como se cree. Pero además, hay que tener en cuenta que una alcachofa de supermercado y otra ecológica no son el mismo producto. Yo no solo prefiero la ecológica porque no tengan pesticidas, sino también porque tienen más sabor y más nutrientes (mirad este enlace), ya que su forma de cultivo regenera el suelo, lo cual permite a la planta nutrirse mejor también.

Evidentemente, eso tiene un precio. El agricultor pone muchas más horas con los métodos de cultivo ecológicos que con los industriales. Además, las explotaciones ecológicas son pequeñas, las economías de escala no son posibles (y se trata de que la explotación del agricultor tampoco lo sea).

Así que comprando y comiendo alimentos biológicos estoy favoreciendo a agricultores pequeños y cercanos, a los que quiero pagar un precio justo por su trabajo.

Los que consumimos productos ecológicos lo hacemos por elección. Para mí (y para muchos como yo), la calidad de vida es alimentarme en condiciones y con placer, pero también saber que con mi consumo no contribuyo al deterioro medioambiental (tengo hijos, y quiero que vivan bien) ni a la explotación de los trabajadores agrícolas ni de los recursos naturales. Esa toma de conciencia es hoy progreso, creo.

Y claro, todo eso tiene un precio.

Pero es una cuestión de elección, y no tanto de presupuesto.

[Carlos Gayo]

[Carlos Gayo]

Tampoco hay tanta diferencia

Dicho lo cual, la diferencia no es tan grande como se cree: depende mucho de dónde vayas a comprarlos; si vas a las grandes superficies, está claro que pagarás más. Si te acercas a tiendas en contacto directo con los productores (como Biolíbere), o a grupos de consumo,  la diferencia se reduce mucho.

Tenemos que tener en cuenta, además, que en las grandes superficies estamos expuestos a las estrategias de inducción al consumo que utiliza la industria de la alimentación para fomentar las ventas. Terminamos comprando productos innecesarios, en detrimento no solo de nuestro bolsillo, sino también de nuestra salud.

Planificando bien tus compras puedes obtener una alimentación ecológica pagando lo mismo que pagabas al ir al supermercado. ¡Y lo ganas en salud!

¿Qué pensáis de todo esto?

¿Pueden los productores de la comunidad Biolíbere hablarnos un poco de cómo fijan los precios de sus productos?

¿Hay experiencias que queráis compartir?

Enlaces interesantes:

Sobre comparativas nutricionales:

http://www.fundaciontriodos.es/es/triodos/noticias/consumo-ecologico/

Sobre comparativas de precios:

http://www.ecotumismo.org/ecologia-de-vida/el-diferencial-de-precio-en-el-mercado-alimentario-ecologico-y-convencional-en-espana/

http://www.ecomallorca.net/blog/el-mercado-ecologico-de-palma-de-la-tierra-al-plato

Observatorio del consumo ecológico (encuesta de la Junta de Andalucía):

http://www.magrama.gob.es/es/alimentacion/temas/consumo-y-comercializacion-y-distribucion-alimentaria/productos_ecologicos_tcm7-7938.pdf

 

    2 Comentarios

  1. Buenos días. Me encanta tu artículo, pero sobre todo por el argumentario de tu tía (¡estoy deseando conocerla!). En estos día he tenido la oportunidad de probar algunos artículos de Biolíbere y otros que no son de allí pero que son de carácter artesano y también muy sanos.

    En cuanto a los precios he de decir que no existe tanta diferencia como pude parecer a simple vista y ello porque el precio no solo debe basarse en el costo directo del alimento sino también en la caducidad del mismo, (por ej. los plátanos que adquirí en Biolíbere duraron mucho más que los que había en casa de mi suegra) y además la calidad (sinceramente he disfrutado de sabores que creía que ya no existían, como unos tomates que no comía desde hace años en Muchamiel).

    Ha sido una experiencia fantástica y si me lo permites NADA EXCLUYENTE, comer biológico o ecológico no me ha impedido disfrutar de otros productos industriales y ahí creo que está la clave.

    Si te sirve el consejo prepárale a tu tía una buena ensalada y cuando diga lo buena que está, es cuando deberás decirle donde compraste los ingredientes y quizá a qué precio. A lo mejor así tu tía. como yo, empieza por poquito y se va adentrando en este mundo que nos era desconocido hasta ahora y que una vez que lo pruebas empiezas a disfrutarlo.

    José Luis Velasco

    21 abril, 2014

Comentar

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies