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¿De dónde viene el lobo del colesterol? Palabras del cardiólogo Martin Juneau

Escrito por en Jul 12, 2014 para Blog, Nutrición, salud

En los últimos años hemos encontrado la palabra colesterol, literalmente, hasta en la sopa. Ha sido el lobo más feroz del mundo de la nutrición, y el miedo que ha generado, por su asociación con las enfermedades cardiovasculares y la obesidad, ha dictado hábitos, regímenes, dietas y toda una oleada de productos industriales supuestamente desprovistos del mismo y, por ende, saníiiiisimos???

Conviene aclarar esta cuestión del colesterol y, para ello, os traduzco aquí una entrevista al Dr. Martin Juneau, cardiólogo y director del área de prevención del Instituto de Cardiología de Montreal. Está extraída de www.passeportsante.net.

 Impacto de grasas y azúcares sobre los lípidos en sangre

«Durante los últimos 25 años, reflexiona el Dr. Martin Juneau, se ha acusado mucho a las grasas de ser nocivas para el corazón, pero desde hace 4 o 5 años hay muy buenos equipos de investigación que se están dando cuenta de que probablemente se ha exagerado sobre las grasas y no se ha prestado suficiente atención a los azúcares. Se ha hablado mucho de colesterol, de grasas saturadas, de grasas trans. La reacción de la industria ha sido eliminar la grasa en todos los alimentos: yogures desnatados, productos sin colesterol, etc. Pero para mejorar el gusto se añadía azúcar.

Hoy, muchos expertos piensan que la epidemia de obesidad que sufrimos puede atribuirse a esta reacción de la industria. En la actualidad se come más, pero sobre todo se come más azúcar. No cabe duda de que hemos subestimado las consecuencias de este exceso.

El azúcar tiene una influencia sobre los lípidos en sangre, concretamente a través del mecanismo de la insulina. Cuando nos comemos un postre dulce, por ejemplo, un trozo de tarta o un yogur azucarado, nuestro nivel de insulina sube para hacer bajar la glicemia. Cuando el nivel de insulina en sangre es elevado, provoca una multitud de reacciones. Por ejemplo, algunas horas después de habernos comido ese postre, el hígado produce más triglicéridos, y también más cantidad de colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad, o mal colesterol), aunque el efecto del azúcar sobre este tipo de lípido sanguíneo es menor.

 En términos más generales, el azúcar, al elevar la tasa de insulina, engendra el almacenamiento de grasas. Las grasas que se acumulan en torno al abdomen secretan toda una serie de substancias que favorecen los procesos inflamatorios y oxidativos. Está demostrado que la inflamación está asociada a las enfermedades cardiovasculares y es probable que también al cáncer. »

 Grasas buenas y malas*

Sin embargo, los lípidos desempeñan funciones esenciales para el organismo en general y para el cerebro en particular. No solo aportan energía, sino que además son indispensables para la asimilación de las vitaminas A, D, E y K, ayudan a equilibrar el sistema hormonal, protegen de los fenómenos inflamatorios y alérgicos y contribuyen a la hidratación de la piel. ¿Cómo orientarnos ?

 

 

cuadro grasas

Los alimentos en verde son, en realidad, superalimentos: además de nutrirnos, hacen disminuir el mal colesterol.

Los alimentos en rosa o naranja claro, a pesar de contener o producir ácidos grasos negativos, tienen otros intereses nutricionales, por lo que convendrá consumirlos con moderación. Los propios ácidos grasos saturados constituyen una fuente de energía importante.

Así, pues, podemos imaginar una dieta grasa equilibrada constituida por 50% de monoinsaturados, 25% de poliinsaturados y 25% de saturados. Conviene pues variar el tipo de aceite que se consume, sobre todo en crudo (para fritura, mejor seguir con el de oliva, o bien el de coco, que soportan mejor las altas temperaturas).

Los alimentos en rojo o naranja oscuro son absolutamente prescindibles, y cuanto menos se consuman, mejor. Aunque algunos forman parte de nuestra cultura y es difícil evitarlos, pues los hemos asociado al placer.

Algunas personas necesitarán reducir también los almidones (hidratos de carbono), es decir, las patatas, el arroz, las pastas y los cereales. Sin embargo, cabe decir que los cereales completos (incluido el arroz), al aportar también fibras, proporcionan menos cantidad de almidón y lo hacen más asimilable, con menos riesgo de almacenamiento en forma de triglicéridos. Lo mismo sucede con las frutas, que tienen también un azúcar (la fructosa); es mejor consumirlas enteras y con piel que en zumo, para aprovechar al máximo la fibra.

Pues eso, que cada uno sabrá lo que le conviene…

Y en una próxima entrada hablaremos de los glúcidos.

* Cuadro de elaboración propia con datos de www.passeportsanté.net y del libro “Huiles. Equilibre oméga-3/oméga-6” de Valérie Cupillard, Ed. La plage.

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