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Nutrigenómica y dieta tradicional

Nutrigenómica y dieta tradicional

Escrito por en Abr 9, 2016 para Blog, Nutrición, salud

El pasado mes de marzo un conocido periódico semanal publicaba una entrevista interesante a José María Ordovás, uno de los padres de la novísima ciencia de la nutrigenómica. Esta ciencia estudia la interacción de los alimentos y sus componentes con el genoma a nivel molecular, celular y sistémico; el objetivo es utilizar la dieta para prevenir o tratar la enfermedad, según la definición de este científico español y algunos de sus colegas (ver este artículo).

Podéis encontrar la entrevista en este enlace. Me gustaría reflexionar críticamente con vosotros sobre algunos aspectos del discurso de Ordovás, que paso a comentar de una forma bastante simple, para no aburrir.

Lo que me gusta del discurso de Ordovás y de la nutrigenómica

      • Que un científico tan innovador y reconocido afirme sin ambages la relación entre genética, dieta y enfermedad. Ordovás sostiene que las patologías modernas son fruto de la alimentación inadecuada (y del estrés, y del sedentarismo…), y que «la nutrición y los fármacos están alterando la composición de nuestra flora bacteriana».
      • Habla haciendo constante referencia a proverbios y dichos. Por ejemplo, dice que el refrán «desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo» tiene fundamento.BoxText
      • Ante la histeria y la obsesion actuales por las dietas de todo tipo, vuelve al sentido común, cito textual : « hay que comer de todo, aunque, como decía mi maestro Grande Covián, en pequeñas cantidades ». No deja de ser sorprendente esos vínculos que crea entre una ciencia basada en tecnología punta y la sabiduría popular.
      • Defiende que no hay recomendación que sirva para todos, sino que la alimentación es algo que debe personalizarse según las características de cada individuo.
      • Reconoce los errores de la ciencia médica en el pasado : por ejemplo, el hecho de que durante cierto tiempo se consideró el aceite de oliva, el pescado azul y los huevos nocivos para la salud a cuenta del colesterol, cuando en la actualidad se sabe que no lo son. Así pues, hace gala de un relativismo y de un sentido crítico dignos de alabanza dentro de un colectivo que tiende a sentar cátedra con cierta facilidad.
      • Reconoce el valor de otras medicinas y, más concretamente, de la oriental, al afirmar que la categorización de las personas en organismos «calientes», «húmedos», «fríos» podría tener fundamento a la luz de las investigaciones realizadas sobre el genoma.
      • También reconoce la necesidad de que la medicina occidental adopte una visión global del ser humano, que de momento se le escapa.

Lo que no me gusta

      • Se contradice en lo que respecta a la alimentación ecológica : por un lado afirma que la agricultura industrial ha desnaturalizado los alimentos restándoles valor nutricional, y por otro, que la única ventaja de los alimentos ecológicos es que no tienen pesticidas (lo cual sería ya enorme, vistos los efectos comprobados que estos pueden tener en la salud humana y en el medio ambiente).
      • No profundiza en cuestiones de OGM. Se limita a decir que no hemos dejado de producir transgénicos desde que la agricultura existe. Sin embargo, hay una diferencia entre los métodos seguidos dentro de la agricultura tradicional para mejorar los cultivos y los de Monsanto, que están mermando la biodiversidad y generando dependencia comercial y económica.

Un ideal de futuro que da que pensar

Pero lo que más podría inquietarme del discurso de Ordovás, y creo que requiere reflexión, es un cierto ideal de futuro que vehicula, en el que el médico será capaz de determinar, gracias al análisis del genoma, la dieta que más conviene a cada individuo. Suena a la solución perfecta: todo se arreglará con un análisis de sangre, gracias a la genética.

En primer lugar, ¿para alimentarnos bien tenemos que esperar a que los científicos terminen de descifrar el genoma humano y sus intrincadas relaciones con las patologías y la dieta? Si es así, va para largo, como el mismo Ordovás reconocía en otra entrevista realizada en 2013, en la que además reconocía que con el tiempo se ha visto que «con los genes solo resolvemos el 5% o el 10% de los problemas de salud como la obesidad o el cáncer».

Y en segundo lugar, ¿dónde queda la responsabilidad, la intuición y el conocimiento propio de cada individuo en todo esto? Y lo más importante, ¿dónde queda el saber popular, el sentido común, que el propio Ordovás reconoce en su discurso?

Esto que digo no pretende poner en duda las ideas de Ordovás, ni las posibilidades de la nutrigenómica. En términos generales, creo en ambas. Simplemente me estoy posicionando como ciudadana ante un discurso científico, e invitándoos a hacer lo mismo.

También estoy defendiendo la sabiduría popular. Si habéis leído otras entradas mías en este blog, os acordaréis de que ese principio de «comer de todo, pero con moderación» es también el de mi padre, un currinchi con estudios primarios, que os juro por estas que no conocía a Ordovás, ni mucho menos a Grande Covián, hasta que salió esta entrevista en El País.

Hablando en serio, dietas tan reconocidas y fiables científicamente como la mediterránea, que ha sido incluso declarada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco, son fruto único y exclusivo del saber popular. Un saber construido por millones de personas a través de generaciones, profundamente en armonía con la naturaleza y respetuoso del medio ambiente.

Aceitunas de Monachil (Granada) (CC-BY Lola Montero Cué)

Aceitunas de Monachil (Granada) (CC-BY Lola Montero Cué)

A ese saber popular, fruto de la intuición, de la observación, de la experimentación y de la transmisión de conocimientos entre todos los miembros de una comunidad de generación en generación, es al que creo que hay que seguir recurriendo para los asuntos que conciernen a nuestra alimentación, mientras esperamos a que Ordovás y su grupo descifren todo el genoma humano, e incluso después. También a la famosa máxima de «conócete a ti mismo», que es la que mejor puede conducirnos a encontrar la alimentación que realmente nos conviene.

Me gusta y me reconforta que alguien como Ordovás llegue a conclusiones parecidas. Termino esta entrada con otra de sus afirmaciones en la otra entrevista citada:

«Por eso yo siempre digo que, en medicina, las cuatro pes (prevención, predicción, personalización y participación) no sirven si no hay una quinta, la del placer. Sin ella, apaga y vámonos».

Que lo disfrutéis con salud !


Créditos y fuentes

Os invito a consultar la página de Wikipedia dedicada a la nutrigenómica, que contiene enlaces a artículos muy interesantes escritos por José María Ordovás y su grupo de científicos.

Imagen destacada: Genoma of Chocolate D1 (CC-BY) Bengt Nyman.

 

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